El medio ambiente sigue siendo “la víctima silenciosa de los conflictos armados en todo el mundo“, por lo que se necesita una mayor acción para alcanzar el objetivo de un futuro sotenible, afirmó la directora del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA), Inger Andersen.

La explotación de los recursos naturales y las tensiones ambientales relacionadas pueden estar implicadas en todas las fases del ciclo del conflicto, desde contribuir al estallido y la perpetuación de la violencia hasta socavar las perspectivas de paz“, explicó Andersen.

El acceso y el flujo de agua, la degradación de la tierra, las inundaciones y la contaminación, además de la competencia por los recursos extractivos, pueden exacerbar directamente las tensiones y provocar la erupción de conflictos, como es el caso de los problemas de agotamiento de recursos como deforestación, erosión del suelo y desertificación”, refirió la directora.

De acuerdo con el PNUMA, la preocupación sobre la focalización y el uso del medio ambiente alcanzó su punto máximo durante la guerra de Vietnam, donde el despliegue del herbicida tóxico provocó deforestación y contaminación masivas.

Señaló que la protesta internacional provocó la creación de dos nuevos instrumentos jurídicos internacionales; la Convención de Modificación Ambiental en 1976 y una enmienda a las Convenciones de Ginebra, que regulan la conducción de la guerra, un año después.

El organismo señaló que la extensa contaminación causada por la destrucción intencional de pozos petroleros en Kuwait durante la Guerra del Golfo de 1991 provocó también un llamado a fortalecer la protección legal del medio ambiente durante el conflicto.

Desde entonces, la devastación ha continuado. Por ejemplo, el bombardeo de docenas de sitios industriales en el conflicto de Kosovo en 1999 resultó en contaminación química tóxica“, asevera el documento.

Además, militantes en Irak incendiaron pozos de petróleo cuando se retiraron de ese país, lo que provocó la liberación de una “mezcla tóxica” de gases y otros compuestos en el aire.

Andersen refirió que en las últimas décadas se presentaron cambios importantes en la forma en que la comunidad internacional entiende los desafíos a la paz y seguridad. “Este panorama de seguridad en evolución requiere un cambio en la forma en que la comunidad internacional se involucra en la gestión de conflictos“.

Recordó que el PNUMA trabaja desde 1999 para determinar los impactos ambientales de la guerra, mediante la identificación de lagunas y debilidades en las leyes internacionales que protegen el medio ambiente durante la guerra.

Sin embargo, si queremos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, debemos actuar con mayor urgencia y coherencia para reducir las amenazas que los conflictos armados representan para nuestro medio ambiente y, en última instancia, nuestra salud y medios de vida“, precisó Andersen.

NTX/AES/DAS/RHV

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